Ellos que se dan cuenta al segundo de que estás mal, que te acompañan haciendo de un silencio frío e incómodo uno agradable y cálido, que cuando no tienes con quien hablar se sientan frente a ti y te miran con sus pequeños y vivaces ojos inteligentes. Ellos que nunca te abandonan ante las circunstancias, siempre a pie de cañón, capaces de pelear por ti e incluso de dar su vida. Ellos que cuando enfermas te velan, cuando ríes rien contigo juguetones, cuando estas triste lloran y cuando tienes miedo se quedan junto a ti para ahuyentar tus miedos. Ellos que siempre salen los primeros a darte la bienvenida cuando vuelves de un largo viaje o solo cuanto te vas por unos pocos minutos. Padres de padres, amigos de amigos. Los guardianes más fieles, los médicos más eficaces. Su mejor remedio, su compañía.
Sin embargo, nosotros... Nosotros ( muy pocos por desgracia) somos capaces de corresponderles con la misma lealtad. Están los otros que tienen animales por mero arma, los descuidan cuando están enfermos con la manida frase de "Si se muere cogemos otro". Los otros que no los escuchan, que no los quieren, que no son capaces de reír con ellos, solo de reñir. Están los otros que no ven más allá de un animal, y estamos nosotros que vemos un animal cercano a lo humano. Son capaces de aprender a comportarse e incluso a contener en la mayoría de las ocasiones son impulsos. Los otros que dicen lo contrario, como "Son animales completamente irracionales", es que jamás probaron un intento de cercanía, enseñarlos no es lo difícil, lo difícil es tener paciencia.
Es por eso, y solo por eso, que cuando veo todo lo que ellos son capaces de hacer por nosotros, siento una fuerza nacer en mí, desconocida y poderosa, que me hace salir adelante peleando por ellos, porque si algo he aprendido en mi corta vida, es que ellos no merecen que nos rindamos sin más, y también que muchísimas veces demuestran tener más humanidad que algunas personas.