jueves, 20 de diciembre de 2012
Ese día...
Soplé las velas de mi tarta de cumpleaños. Mis padres no paraban de sacar fotos a diestro y siniestro y mi hermano se había marchado de nuevo al sofá para continuar viendo una peli que lo tenía muy enganchado. Mi corresponsal francesa, que esa noche no había querido cenar cuando quedamos con todos para ir al cine, estaba devorando la tarta de manzana que mi madre había hecho durante toda la tarde aprovechando nuestra ausencia. Mediante el móvil hablaba con él y le mandaba algunas fotos del cumpleaños. En ese momento, mi deseo se hizo realidad. Cuando él lo dijo, todo se volvió sencillamente perfecto. Deseaba tanto que lo dijera que ahora que lo había hecho... no podía creérmelo. Mi corresponsal se acercó a mí, puestos que yo me había quedado muda de la alegría que me embargaba en ese momento mientras que en mi corazón se cuajaba un amor tan profundo y sincero hacia él que me daba miedo hasta a mí.
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