miércoles, 4 de septiembre de 2013

Despertar

El día me pareció más luminoso que de costumbre. Me levanté de la cama con renovadas energías y me asomé a la ventana. El sol brillaba con fuerza sobre los verdes prados llenos de  girasoles, margaritas, tréboles, amapolas, fresias, lirios, azucenas, lilas y tomillos. Un jilguero revoloteaba de flor en flor dándose un festín para desayunar. Hacía una mañana hermosa. Una comadreja se acercó volando hasta la vera de mi ventana, en donde un nido medio escondido revelaba a unas crías hambrientas. A lo lejos, podía ver las vacas que pastaban tranquilamente y muy cerca de mi posición, un ruiseñor desplegaba su dulce canto.
Me vestí, desayuné y salí al camino que bordeaba el lago de aguas cristalinas y graciosos pececillos. Esperaba impaciente su llegada por lo que para calmar mis nervios, me senté y empecé a deshojar a una margarita blanca. Para cuando iba por la última hoja, unos grandes brazos me abrazaron por detrás y un cálido beso se estrelló en mi mejilla.
- La primavera ya esta aquí- me dijo sonriendo.
- Justo a tiempo- le contesté devolviendole la sonrisa mientras que por fin, mi inquietud se vio calmada y una gran paz me embargó por dentro.

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