Desesperadamente intentaron encontrarlo, pero nada. Tristes, se fueron a sus casas y a la mañana siguiente se celebró el funeral del chico, ya que se había encontrado su cadáver entre la escollera. Después del funeral, el hermano pequeño se prometió a ella. Pasó el tiempo, y llegó el gran día. En la iglesia del pueblo se habían reunido ancianos, niños y jóvenes que acudieron a la boda de esta feliz pareja. Cuando llegó el momento culminante de las alianzas se escuchó una profunda voz de varón que sonaba desesperada llamando a la novia. La aludida la ignoró, pero cuando un joven pescador entró corriendo a la iglesia gritando como loco que el mar estaba entrando en la isla inundándolo todo a su paso, la joven comprendió que no podía casarse por el bien de esta gente y por el bien de ella misma, ya que, aunque apreciaba a su pareja, su corazón estaba con el mar y este estaba reclamándola. Se despidió de los presentes y del novio, y vestida de novia se encaminó a la playa. A medida que avanzaba, el mar volvía a su sitio y cuando llegó a la orilla, ella volvió a escuchar su nombre en un susurro profundo lleno de amor, que le decía "Ven, ven conmigo, serás feliz". Surgió una figura humanoide del agua que se acercó a ella y tomándola de la mano, juntos se adentraron en el mar.
Algunos pescadores aseguran que todas las noches escuchan risas y cantos y ven a una joven muchacha vestida de blanco jugando con la orilla del mar...
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