Estaba lejos de estar en mi terreno, allí donde era seguro y alegre y el que no lo esté no quiere decir que no sea feliz.
Muchas veces la gente te dice cosas que no esperas, cosas en las que tienes una ilusión puesta y es tan fácil para ellos decir una palabra a traición, que es complicado no dejar que se te desmorone la esperanza. Y lo peor de todo, es que puedes pasarte días y días en ese estado.
Sin embargo, esa esperanza se reconstruye y queda como nueva, cuando pasado un tiempo, pequeños actos te demuestran que esa ilusión debe vivir, no dejar que envejezca y acabe muriendo, y es entonces cuando la amargura se volatiliza y te sientes en tu terreno.
A esas personas que parece que disfruten diciéndote todo eso, aunque también puede ser que te lo digan por miedo a lo desconocido y por eso quieren protegerte, aunque suele ser muy inusual; yo le daría un "¡ZAS!" en toda la boca y estoy segura de que muchos como yo también.
Porque a día de hoy, llegué a la conclusión, reconociendo que no tengo experiencias para decirme lo contrario, de que nosotros, y solamente nosotros, sabemos qué es lo que puede suceder, sabemos cuál es nuestro terreno, sabemos muchísimo mejor que esas voces exteriores traicioneras, cuan bien o cuan mal puede hacernos esa ilusión, y sobretodo, sabemos si podemos acabar felices o lastimados.

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