Me encontraba sumida en una ansiedad profunda. Mientras el director hablaba en el estrado, yo rememoraba lo que días atrás había sucedido. Hicimos un concurso sobre discursos de cualquier tema y desgraciadamente, había ganado yo. No me malinterpretéis. Estaba orgullosa de mi tema, pero hablar delante de 420 personas no era mi aficción, padecía miedo escénico. El director carraspeo clavando su oscura mirada en mí, y mi amiga me cogió del brazo y nos levantó. Me acompañó hasta la escalera y desde allí, yo debía continuar sola. Me deseó suerte y me dirigí hacia donde me esperaba impacientemente el director. Rápidamente me presentó a la multitud y luego me dejó sola allí arriba. Cerré los ojos inspirando profundamente, tratando de calmar mi alocado corazón y mis nervios. Me apoyé en el estrado, abrí un poco los ojos y comencé mi discurso.
-Seguramente ustedes se preguntarán qué es la magia. Hay muchas respuestas y todas son ciertas, y para demostrarlo os pondré varios ejemplos. Si a un científico le preguntamos qué es o si existe la magia, con toda seguridad nos respondería que la magia no existe, ya que todo lo que nos rodea está formado por átomos y energía y que nunca desaparece, solo se transforma mediante complejos procesos. Si le preguntamos a un niño, la magia es aquello que sin saber porqué, desaparece y aparece en otro lugar o su estado cambia. Sin embargo, si me preguntáseis a mí qué es la magia, os respondería que es todo aquello que se hace especial para nosotros, es ese detalle que caracteriza un momento inolvidable como por ejemplo la magia del amor, ese misterio y cariño especial que acompaña a ese sentimiento y la persona que lo acompaña; la magia de la mirada, de los abrazos, de las sonrisas, de la amistad, de la música, del lugar, de un embarazo, la magia de la vida, de los primeros pasos cuando aprendemos a caminar, de nuestra primera palabra, la de un beso... En mi opinión, hay muchos tipos de magia, y cada cual sabrá ponerle su deficinición adecuada, por lo que la magia sí que existe, solo que es un ingrediente abstracto que condimenta a la vida.
Se creó un silencio sepulcral en la sala. Incómoda, miré a mi amiga que me miraba sonriente y me hacía señas para que me acercara a ella. Intranquila, abandoné el escenario y me reuni con ella.
-¿Tan mal lo he hecho?
-Que va- respondió ella- mira con más atención al claustro.
Miré, y sorprendida me di cuenta de que habían madres que se abrazaban a sus maridos y a sus hijos, y parejas que se dieron un beso y gente con los ojos cerrados y sonriendo, y para mayor sorpresa, el director que era una persona seria, también sonreía.
-Les ha llegado al corazón- me dijo mientras me abrazaba.
-Pues parece que si- sonreí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario