jueves, 20 de diciembre de 2012

WOLFS



CAPÍTULO 1

Me asomé a una ventana que por las esquinas estaba cubierta de escarcha y eché una mirada afuera. Todo parecía un bosque nevado. Sí, eso era justo lo que era. Un bosque frondoso y de tonalidades verde-oscuro al lado de mi choza. Vivía con mi abuela, pues me quedé huérfana a los ocho años. Mi padre murió atacado por un oso mientras que iba de caza junto con un grupo de cazadores de la aldea, lo raro es que ninguno lo pudo salvar, y mi madre murió nada más dar a luz. Desde ese día, mi abuela me cuidó y me educó hasta convertirme ahora en la joven de quince y casi dieciséis años que soy.
Mi vida estuvo rodeada de leyendas, todo el pueblo se reunía todas las noches y contaban una. Por supuesto, todas se dicen que en su tiempo fueron ciertas. A mí, la que más me gustó fue la de un lobo poderoso, fuerte, inteligente y bueno. Soñaba con él, quería poder verlo algún día pero no parecía que fuera a hacerse realidad este pequeño pero intenso deseo.
Por ese motivo, todas las tardes me asomaba a la ventana, a ver si podía si no verlo dislumbrarlo, pero nunca veía a nadie.
-No creo que puedas verlo- me dijo mi abuela desde el otro extremo de la habitación.
Me giré hacia ella apenada. Ella estaba sentada en su vieja mecedora de roble que le hizo mi abuelo antes de morir, hará unos diez años antes de que yo naciera. Mi abuelo era un gran misterio para mí puesto que la abuela nunca me habló de él, ni siquiera la causa de su muerte tan prematura. En fin, prefería no ahondar en esos temas tan espinosos, una nunca sabe que sorpresas puede encontrarse en ese tipo de conversaciones. Se mecía con deliberada lentitud junto al fuego. Si cerrabas los ojos durante unos pocos minutos, podías escuchar el crepitar de la madera siendo consumida por las lenguas de fuego. Mi abuela siempre me dice que el fuego cuenta muchas historias y que si miras fijamente el centro de la llama incluso podías ver pequeñas figuras bailarinas, pero lo cierto es que estaba tan metida en mi lobo que me parecía una tontería detenerme a mirar el fuego a ver si era cierto lo que mi abuela decía de él. Entre sus frágiles manos llevaba una capa que me resguardaría del frío de la noche. Le estaba dando un último retoque. Suspiré. Me crucé la habitación hasta sentarme delante de ella. Matilda sonrió mostrándome todo su afecto.

-Abuela,¿ tú crees de verdad que él existe?- le pregunté esperanzada. De todas las leyendas que había escuchado, deseaba fervientemente que esta se hiciera realidad.
-Bueno, puede que sea cierta... pero ¿ tú te has parado a pensar con detenimiento en un pequeño detalle, aunque sea tan mínimo que no haga falta tenerlo en cuenta?
-¡Claro! Que me gustaría que se hiciera realidad- dije sonriéndole de oreja a oreja.
-¡Ay niña mía!- exclamó mi abuela- que ideas tan alocadas que tenéis los mozos- suspiró.
-¡Abuela!- le reprendí.
-Vale, vale, ¿no te has parado a pensar qué es lo que harás con él una vez se haga realidad tu deseo?- me miró seria y supe que esta pregunta no había que tomársela a la ligera, así que decidí ser sincera conmigo misma y con ella.
-Pues no, no lo he pensado- admití.
-Venga- dijo mi abuela poniéndose en pie- la capa ya está lista.
Me empujó hacia el espejo de cuerpo entero y me la puso.
-¡Ohhh, se ve linda!- exclamé. La capa azul me sentaba realmente bien, sobre todo ya que era muy pálida en contraste con el pelo castaño claro que tenía. El azul iba bien con todo tipo de color claro.
-Estás muy hermosa- miré hacia otro lado sonrojada. Lo mío no era precisamente expresar mis sentimientos en voz alta.
-Gracias abuela, es muy bonita.
-Pero...-siguió ella pensativa.
-¿Sí?-la incité dándome la vuelta y haciéndole frente.
-¿Que pasaría si ese lobo del que tú estas soñando todas las noches fuera un apuesto joven?-me dijo ella devolviéndome la mirada plagada de curiosidad.
-¡Pero qué me dices abuela!¡No puede ser un joven si es solo un lobo!¡Por favor!¡¿En qué pensabas?!- me puse colorada nada más pensarlo.
-¿Que harías eh?- insistió ella.
-Pues... no lo sé. Pero dime,¿ qué motivo hay detrás de esa pregunta?¿Cuál es la intención?.
-Nada, simple curiosidad. Anda, vete al pueblo a ponerte al día y enséñasela a Luci. Seguro que se morirá de envidia- respondió ella rápidamente.

En mi rostro se reflejaba la confusión. Me había dado una evasiva otra vez. “¿Qué le pasará?”
-Vale- respondí sin mucha convicción.
Salí por la puerta cavilando mientras mi abuela se quedaba mirando como me alejaba cada vez más hasta que me perdí completamente de su vista. La abuela dirigió su mirada al bosque y asintió con la cabeza hacia un bulto medio escondido en la penumbra.
-Vigílala-ordenó. El bulto desapareció veloz como la luz. La abuela se resguardó dentro de la cabaña y cerró la puerta asegurándola desde dentro. Sabía que algo iba a pasar y tenía la sensación de que el traidor era del pueblo. Por suerte, el Dios estaría con Claire si algo pasaba.

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