CAPÍTULO
1
Me
asomé a una ventana que por las esquinas estaba cubierta de escarcha
y eché una mirada afuera. Todo parecía un bosque nevado. Sí, eso
era justo lo que era. Un bosque frondoso y de tonalidades
verde-oscuro al lado de mi choza. Vivía con mi abuela, pues me quedé
huérfana a los ocho años. Mi padre murió atacado por un oso
mientras que iba de caza junto con un grupo de cazadores de la aldea,
lo raro es que ninguno lo pudo salvar, y mi madre murió nada más
dar a luz. Desde ese día, mi abuela me cuidó y me educó hasta
convertirme ahora en la joven de quince y casi dieciséis años que
soy.
Mi
vida estuvo rodeada de leyendas, todo el pueblo se reunía todas las
noches y contaban una. Por supuesto, todas se dicen que en su tiempo
fueron ciertas. A mí, la que más me gustó fue la de un lobo
poderoso, fuerte, inteligente y bueno. Soñaba con él, quería poder
verlo algún día pero no parecía que fuera a hacerse realidad este
pequeño pero intenso deseo.
Por
ese motivo, todas las tardes me asomaba a la ventana, a ver si podía
si no verlo dislumbrarlo, pero nunca veía a nadie.
-No
creo que puedas verlo- me dijo mi abuela desde el otro extremo de la
habitación.
Me
giré hacia ella apenada. Ella estaba sentada en su vieja mecedora de
roble que le hizo mi abuelo antes de morir, hará unos diez años
antes de que yo naciera. Mi abuelo era un gran misterio para mí
puesto que la abuela nunca me habló de él, ni siquiera la causa de
su muerte tan prematura. En fin, prefería no ahondar en esos temas
tan espinosos, una nunca sabe que sorpresas puede encontrarse en ese
tipo de conversaciones. Se mecía con deliberada lentitud junto al
fuego. Si cerrabas los ojos durante unos pocos minutos, podías
escuchar el crepitar de la madera siendo consumida por las lenguas de
fuego. Mi abuela siempre me dice que el fuego cuenta muchas historias
y que si miras fijamente el centro de la llama incluso podías ver
pequeñas figuras bailarinas, pero lo cierto es que estaba tan metida
en mi lobo que me parecía una tontería detenerme a mirar el fuego a
ver si era cierto lo que mi abuela decía de él. Entre sus frágiles
manos llevaba una capa que me resguardaría del frío de la noche. Le
estaba dando un último retoque. Suspiré. Me crucé la habitación
hasta sentarme delante de ella. Matilda sonrió mostrándome todo su
afecto.
-Abuela,¿
tú crees de verdad que él existe?- le pregunté esperanzada. De
todas las leyendas que había escuchado, deseaba fervientemente que
esta se hiciera realidad.
-Bueno,
puede que sea cierta... pero ¿ tú te has parado a pensar con
detenimiento en un pequeño detalle, aunque sea tan mínimo que no
haga falta tenerlo en cuenta?
-¡Claro!
Que me gustaría que se hiciera realidad- dije sonriéndole de oreja
a oreja.
-¡Ay
niña mía!- exclamó mi abuela- que ideas tan alocadas que tenéis
los mozos- suspiró.
-¡Abuela!-
le reprendí.
-Vale,
vale, ¿no te has parado a pensar qué es lo que harás con él una
vez se haga realidad tu deseo?- me miró seria y supe que esta
pregunta no había que tomársela a la ligera, así que decidí ser
sincera conmigo misma y con ella.
-Pues
no, no lo he pensado- admití.
-Venga-
dijo mi abuela poniéndose en pie- la capa ya está lista.
Me
empujó hacia el espejo de cuerpo entero y me la puso.
-¡Ohhh,
se ve linda!- exclamé. La capa azul me sentaba realmente bien, sobre
todo ya que era muy pálida en contraste con el pelo castaño claro
que tenía. El azul iba bien con todo tipo de color claro.
-Estás
muy hermosa- miré hacia otro lado sonrojada. Lo mío no era
precisamente expresar mis sentimientos en voz alta.
-Gracias
abuela, es muy bonita.
-Pero...-siguió
ella pensativa.
-¿Sí?-la
incité dándome la vuelta y haciéndole frente.
-¿Que
pasaría si ese lobo del que tú estas soñando todas las noches
fuera un apuesto joven?-me dijo ella devolviéndome la mirada plagada
de curiosidad.
-¡Pero
qué me dices abuela!¡No puede ser un joven si es solo un lobo!¡Por
favor!¡¿En qué pensabas?!- me puse colorada nada más pensarlo.
-¿Que
harías eh?- insistió ella.
-Pues...
no lo sé. Pero dime,¿ qué motivo hay detrás de esa pregunta?¿Cuál
es la intención?.
-Nada,
simple curiosidad. Anda, vete al pueblo a ponerte al día y
enséñasela a Luci. Seguro que se morirá de envidia- respondió
ella rápidamente.
En
mi rostro se reflejaba la confusión. Me había dado una evasiva otra
vez. “¿Qué le pasará?”
-Vale-
respondí sin mucha convicción.
Salí
por la puerta cavilando mientras mi abuela se quedaba mirando como me
alejaba cada vez más hasta que me perdí completamente de su vista.
La abuela dirigió su mirada al bosque y asintió con la cabeza hacia
un bulto medio escondido en la penumbra.
-Vigílala-ordenó.
El bulto desapareció veloz como la luz. La abuela se resguardó
dentro de la cabaña y cerró la puerta asegurándola desde dentro.
Sabía que algo iba a pasar y tenía la sensación de que el traidor
era del pueblo. Por suerte, el Dios estaría con Claire si algo
pasaba.
No hay comentarios:
Publicar un comentario