miércoles, 4 de septiembre de 2013

Adiós

                  Prólogo

Un ruido hizo que me sobresaltara en medio de la noche. Me giré pero al final del tétrico y oscuro callejón no había nada. Presentía que algo o alguien me seguía pero ese alguien o cosa era hábil escondiéndose. Seguí caminando por el atajo que había escogido consciente de que a cada paso que daba me acercaba más a ese lugar en donde sucedió aquello. Estaba lleno de inseguridades pero la curiosidad de saberlo todo desde el principio me llevó a emprender este viaje sin probabilidad de retorno.
Unos cristales tras mío se resquebrajaron, un susurro silencioso se deslizó por el aire, la temperatura cayó en picado, el frío se instaló en mi ser, todo se tornó oscuro y al instante supe que estaba perdido, pues ella me había encontrado.

Reflejo

Una habitación casi oscura, iluminada por el débil resplandor de un extraño espejo. Algo me impulsa a entrar en ese lugar donde todo es piedra excepto ese objeto. Al colocarme justo enfrente de él, la puerta se cierra de golpe y desaparece dejándome con la amarga sensación de estar encerrada. Comienzo a dar vueltas alrededor del espejo, observando mi reflejo en él y maravillándome de su acabado arquitectónico. Es algo hermoso. Vuelvo a colocarme en la posición inicial observándome a mi misma, hasta que siento la necesidad de tocarlo. Asustada ahogo un grito, pues mi mano inexplicablemente ha logrado atravesar el espejo. Poco tiempo después, concluidos mis experimentos y saciada mi curiosidad sobre este peculiar espejo, sin miedo ya me decido a cruzarlo.

Jiji, capricho mio :3

Esta es la historia de los vampiratas, así que estate atento.
Esta es la canción de un barco muy viejo y sus temibles marineros.
Esta es la canción de un barco muy viejo, que surca el mar entero, que ronda el mar entero.
Sé que el capitán lleva siempre velo para no dar mucho miedo cuando ves su piel de muerto, y sus ojos, ya que es tuerto, y sus dientes, ¡ qué mugrientos!.
Oh, sé que el capitán lleva siempre velo, y sus ojos nunca ven el cielo. 

La muerte

La muerte desde siempre ha sido un tema muy debatido en nuestra sociedad. Es un misterio para muchos científicos y gente interesada en el tema que todavía a día de hoy no han logrado encontrar respuestas a nuestras preguntas, sino que han surgido nuevos interrogantes.

Un niño pequeño ve la muerte como el personaje malo de los cuentos: el villano; un adolescente la ve como algo muy muy lejano y que, por lo tanto, no hay que preocuparse ni temerla, pero... ¿ Por qué unos dicen que hay que temerla , y sin embargo, otros dicen que es un paso más en la vida, que no hay nada que temer?.

La muerte viene concebida desde la antigüedad como algo horrible, malo, pero también muy pocas veces se dice de ella que solo es un alivio para el espíritu cansado. Solo los que dudan dicen que es un misterio que el hombre jamás a logrado y logrará resolver puesto  que se trata de algo tan transcendental que escapa a todo alcance de nuestra comprensión. 

Cuando nos acercamos a una pensión de jubilados, la mayoría de ellos siguen sus rutinas a pesar de tener a la muerte a la vuelta de la esquina. Se pueden distinguir (o al menos yo lo he comprobado) 3 tipos de reacción entre la senectud. La primera es la alegría, no optimismo, alegría, " Qué bien, por fin voy a descansar, vida eterna, paz, disfruta la vida a tope, termina de ser feliz". La segunda es amargura, todo lo ven negro, " Me dolerá, no hay nada más, todo oscuridad, la nada o el infierno, echaré todo de menos, nadie se acordará de mi, ¿ Por qué yo?."  Y la tercera y última reacción es neutral," Bueno, no puede ser tan malo, seguro que hay algo luego, esta claro que echaré todo de menos pero sí que es verdad que me apetece "dormir"".

Saliendo de este lugar y entrando en la sala de terminales nos golpea la realidad con toda su fuerza, porque nos damos cuenta de que para morir, no hay que tener una cierta edad, en la muerte no hay límites y todos caemos, unos más pronto por desgracia, y otros más tarde. Vemos que en esta sala hay gente de todas las edades, y todos muriendo por distintas causas. 

Los niños y jóvenes (en su mayoría) son los menos conscientes sobre la indiferencia de la muerte hacia las edades. Creen que son fuertes, pero en el lecho de muerte, en medio de esa épica batalla mortal, todos somos iguales ante ella, da lo mismo nuestra profesión, inteligencia, dinero o raza. Nada escapa a la selección de la muerte.

Apariciones

Era de noche. Invierno. Paseábamos cogidos de la mano por una calle repleta de gente y escaparates navideños. Hablábamos y nos reíamos hasta que una melodía detuvo mis pasos y un poco después, los suyos. Nos detuvimos escuchándola embobados, y al rato nos miramos. Sin mediar palabra corrimos hacia el lugar de donde procedía esa dulce y suave canción , pero cuando llegamos, todo estaba desierto, la melodía había desaparecido y en su lugar ya no quedaba nadie, tan solo un triste parque abandonado.

Despertar

El día me pareció más luminoso que de costumbre. Me levanté de la cama con renovadas energías y me asomé a la ventana. El sol brillaba con fuerza sobre los verdes prados llenos de  girasoles, margaritas, tréboles, amapolas, fresias, lirios, azucenas, lilas y tomillos. Un jilguero revoloteaba de flor en flor dándose un festín para desayunar. Hacía una mañana hermosa. Una comadreja se acercó volando hasta la vera de mi ventana, en donde un nido medio escondido revelaba a unas crías hambrientas. A lo lejos, podía ver las vacas que pastaban tranquilamente y muy cerca de mi posición, un ruiseñor desplegaba su dulce canto.
Me vestí, desayuné y salí al camino que bordeaba el lago de aguas cristalinas y graciosos pececillos. Esperaba impaciente su llegada por lo que para calmar mis nervios, me senté y empecé a deshojar a una margarita blanca. Para cuando iba por la última hoja, unos grandes brazos me abrazaron por detrás y un cálido beso se estrelló en mi mejilla.
- La primavera ya esta aquí- me dijo sonriendo.
- Justo a tiempo- le contesté devolviendole la sonrisa mientras que por fin, mi inquietud se vio calmada y una gran paz me embargó por dentro.

Tragicomedia

                    Prólogo

- No me importa lo que digan tus amigos, he esperado mucho tiempo y solo puedo estar contigo. Hoy te voy a demostrar que mi amor es de verdad- le dije con seriedad mirándolo a los ojos. Él me miraba sorprendido. Cerré los ojos y con una mano en el corazón continué- Buscaremos un lugar tu y yo donde no existan ni los celos ni el rencor. En tus manos quiero perderme y en tus labios apare...- abrí los ojos pero ya no había nadie allí, solo yo. Pasó el conserje con la fregona y me dijo que hace poco un chico había salido corriendo por la puerta pidiendo ayuda a gritos como un loco, decía que le había dicho que había un chico acosándolo. 
- ¡Genial!- grité frustrado- ¡Ahora tengo que volver a encontrarlo y decírselo todo de nuevo!- me fui enojado dejando a un pobre hombre perplejo.

martes, 3 de septiembre de 2013

Había una vez...

Había una vez una leyenda nacida en un pueblo costero de una isla mediana, situada en algún lugar del mundo. Cuenta la historia de una chica que se había enamorado del mar y del cual, a su vez, el mar se había enamorado de ella. Ella era una niña que había perdido a sus padres en un naufragio y, que dormida, arribó en una concha marina a la orilla de esa isla, conducida por el mar. Pasó el tiempo y la niña creció jugando en la orilla del mar hasta que se convirtió en una mujer hecha y derecha. Un día, su madre adoptiva, una venerable anciana, le comentó que ya era hora de que se buscara un muchacho y se casara, pero la mujer le respondió que no le importaba pasarse el resto de sus dias junto al mar. Ante la insistencia de la anciana, la joven salió a pasear por las callejuelas del pueblo, hasta llegar a la casa del herrero, en donde vivían dos jóvenes varones gemelos, amigos de la infancia de ella. Ella les contó lo que había pasado y entonces el más mayor de ellos le dijo que se casaría con ella y que solo haría lo que ella le pidiese. Lo que la mujer ignoraba es que ambos hermanos estaban enamorados de ella. Como hacía calor decidieron ir a darse un baño a la playa y cuando ya llevaban un tiempo jugando, de súbito uno de los gemelos, el prometido, se hundió.
Desesperadamente intentaron encontrarlo, pero nada. Tristes, se fueron a sus casas y a la mañana siguiente se celebró el funeral del chico, ya que se había encontrado su cadáver entre la escollera. Después del funeral, el hermano pequeño se prometió a ella. Pasó el tiempo, y llegó el gran día. En la iglesia del pueblo se habían reunido ancianos, niños y jóvenes que acudieron a la boda de esta feliz pareja. Cuando llegó el momento culminante de las alianzas se escuchó una profunda voz de varón que sonaba desesperada llamando a la novia. La aludida la ignoró, pero cuando un joven pescador entró corriendo a la iglesia gritando como loco que el mar estaba entrando en la isla inundándolo todo a su paso, la joven comprendió que no podía casarse por el bien de esta gente y por el bien de ella misma, ya que, aunque apreciaba a su pareja, su corazón estaba con el mar y este estaba reclamándola. Se despidió de los presentes y del novio, y vestida de novia se encaminó a la playa. A medida que avanzaba, el mar volvía a su sitio y cuando llegó a la orilla, ella volvió a escuchar su nombre en un susurro profundo lleno de amor, que le decía "Ven, ven conmigo, serás feliz". Surgió una figura humanoide del agua que se acercó a ella y tomándola de la mano, juntos se adentraron en el mar.
Algunos pescadores aseguran que todas las noches escuchan risas y cantos y ven a una joven muchacha vestida de blanco jugando con la orilla del mar...