Ajá. Esos brazos que te rodean, parecen creados para ti,
amoldados a la perfección, no hay error alguno, no hay fallos. Esos brazos que
en invierno te dan calor resguardándote del frío que trata de congelarte desde
lo más profundo del alma. Esos brazos que en verano te dan un calor distinto al
asfixiante que amenaza con provocarte un desmayo, que refrescan. Esos brazos
que te consuelan cuando infinitos recuerdos dolientes te atacan dejándote en la
miseria, que te guían cuando andas perdida a la hora de decidir cosas
importantes, que te levantan cada vez que caes y con cariño te limpia las
heridas y te las cura mientras restañan tus lágrimas saladas y te dicen que
todo irá bien. Esos brazos que encuentran tus puntos débiles para matarte de
risa cuando lo necesitas o simplemente porque quieren verte feliz. Esos brazos
que te resguardan de la lluvia con intención de evitar que pilles un resfriado,
o que los extiende junto los tuyos para recibir el fresco aire de primavera. Esos
brazos que te abrazan por la noche alejando de ti esos malos sueños que
consiguen que cada noche grites… que te protege de cualquier miedo. Esos brazos
que te levantan hacia el cielo con tal de que algún día puedas tocar las nubes,
que te prometen todas las estrellas que quieras y llevarte a la luna algún día.
Esos brazos que cuando están contentos te abraza y cuando están tristes te
piden que los abraces. Esos brazos por fortuna existen, y no todo el mundo por
fortuna los tiene.
jueves, 23 de enero de 2014
martes, 14 de enero de 2014
SILENCIO, POR FAVOR
Hace un día muy frío. Pequeñas gotitas de agua de lluvia se condensan en mi ventana al sentir mi tembloroso y cálido aliento que empaña el cristal. Con la misma manga mojada por mis lágrimas retiro la fina capa de humedad para poder mirar fuera, a la calle, aquella calle formada por historias, historias que yo puedo ver.
Una pareja empapada corre riendo hacia el portal, parece que estan jugando. Ella bromea diciendo que en los charcos habitan pequeños peces de colores parlanchines y él se ríe. Se miran, se despiden con un abrazo, y mientras la muchacha entra en el patio, él se va feliz a su casa. Ellos se quieren pero todavía no se han decidido.
Más tarde una niña pequeña, que se parecía bastante a la chica de antes, sale corriendo a la calle y se pone a saltar encima de unos charcos manchándose entera. Tras ella corren sus padres riéndose cual críos, la cogen de las manitas y todos juntos marchan calle abajo para ir a recoger el coche y marcharse al cine a ver una peli que a la pequeña le hacía ilusión.
Minutos más tarde, una muchacha cuya altura era la media entre las dos anteriores y su físico semejante, baja corriendo con una linda perrita de raza pastor belga. La saca a pasear a pesar del temporal porque sabía que en poco tiempo la perdería, por lo que trata de disfrutar con ella al máximo.
- "Parad... Por favor"- le pido a mis recuerdos. Quería dejar de sentir añoranza por ellos, quería ser feliz. Por supuesto que no me arrepentía de mi presente, pero no me hacía falta que el pasado me tendiera una mano, al menos no en ese momento.
De repente mi móvil vibró. Un mensaje de "Te quiero" supo aligerar el peso de aquella tarde, y tal y como habían venido, los recuerdos volvieron a delegarse a aquel cajón cerrado con la llave de mi corazón.
lunes, 13 de enero de 2014
LA ILUSIÓN DE UN REGALO
Oscuridad. Padres y niños abren un pasillo. Hijos inquietos corretean de un lado a otro riendo mientras que sus padres tratan de contenerlos.
La voz de un presentador anuncia la entrada de los tres grandes reyes, que prometen regalos para el mundo entero, y a continuación se abre la puerta del fondo dejándolos ver uno a uno con sus respectivos lacayos.
En fila, discurren por el pasillo formado, saludando y lanzando chucherías y pequeños abalorios de juguete, hasta llegar al podio y sentarse allí.
Echas una mirada a tu alrededor y ves risas y llantos de los más pequeños, y te llama la atención la bebé, que se encuentra al lado tuyo, de apenas un año. ¡Cómo brillan sus ojos de emoción! ¡Cómo se ilumina su redondita y mofletuda cara! ¡Cómo sonríe ante la situación y desprende ilusión!. Realmente te sorprendes, porque tú ya conoces la verdad que se esconde tras aquellos reyes, tú ya has descubierto el mágico misterio que envuelve a la navidad, y es por eso que ya no lo vives como ellos.
Pero también eres consciente de que crezcas lo que crezcas y vivas lo que vivas, el sentimiento de la ilusión de un regalo cuyo interior desconoces, es la misma que la ilusión de aquellos niños. Es en ese momento cuando los pequeños y tú os unís bajo el son de una misma melodía.
Se te erizan los pelos cuando recuerdas tu niñez, cuando corrías por ponerte en primera fila para poder verlos mejor, o cuando te levantabas a las ocho de la mañana saltando encima de la cama de tus padres gritando: "¡Ya han venido los reyes!", cuando corrías a casa de tus primos en pijama y con el pelo revuelto a por tu regalo...¿Y recuerdas también tu cara cuando te decían: "Pórtate bien o si no los reyes te traerán carbón"?. Cuando simplemente te emocionabas cada vez que te decían: "Esta noche vienen los reyes".
Es por eso, y solo por eso, que cuando los ves, aún sabiendolo todo, te ríes y te emocionas como un niño, porque al fin y al cabo, por estas fechas, te sientes como uno de ellos.
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