martes, 14 de enero de 2014

SILENCIO, POR FAVOR

Hace un día muy frío. Pequeñas gotitas de agua de lluvia se condensan en mi ventana al sentir mi tembloroso y cálido aliento que empaña el cristal. Con la misma manga mojada por mis lágrimas retiro la fina capa de humedad para poder mirar fuera, a la calle, aquella calle formada por historias, historias que yo puedo ver.
Una pareja empapada corre riendo hacia el portal, parece que estan jugando. Ella bromea diciendo que en los charcos habitan pequeños peces de colores parlanchines y él se ríe. Se miran, se despiden con un abrazo, y mientras la muchacha entra en el patio, él se va feliz a su casa. Ellos se quieren pero todavía no se han decidido.
Más tarde una niña pequeña, que se parecía bastante a la chica de antes, sale corriendo a la calle y se pone a saltar encima de unos charcos manchándose entera. Tras ella corren sus padres riéndose cual críos, la cogen de las manitas y todos juntos marchan calle abajo para ir a recoger el coche y marcharse al cine a ver una peli que a la pequeña le hacía ilusión.
Minutos más tarde, una muchacha cuya altura era la media entre las dos anteriores y su físico semejante, baja corriendo con una linda perrita de raza pastor belga. La saca a pasear a pesar del temporal porque sabía que en poco tiempo la perdería, por lo que trata de disfrutar con ella al máximo.
- "Parad... Por favor"- le pido a mis recuerdos. Quería dejar de sentir añoranza por ellos, quería ser feliz. Por supuesto que no me arrepentía de mi presente, pero no me hacía falta que el pasado me tendiera una mano, al menos no en ese momento. 
De repente mi móvil vibró. Un mensaje de "Te quiero" supo aligerar el peso de aquella tarde, y tal y como habían venido, los recuerdos volvieron a delegarse a aquel cajón cerrado con la llave de mi corazón.


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