jueves, 20 de diciembre de 2012

Ese día...

Soplé las velas de mi tarta de cumpleaños. Mis padres no paraban de sacar fotos a diestro y siniestro y mi hermano se había marchado de nuevo al sofá para continuar viendo una peli que lo tenía muy enganchado. Mi corresponsal francesa, que esa noche no había querido cenar cuando quedamos con todos para ir al cine, estaba devorando la tarta de manzana que mi madre había hecho durante toda la tarde aprovechando nuestra ausencia. Mediante el móvil hablaba con él y le mandaba algunas fotos del cumpleaños. En ese momento, mi deseo se hizo realidad. Cuando él lo dijo, todo se volvió sencillamente perfecto. Deseaba tanto que lo dijera que ahora que lo había hecho... no podía creérmelo. Mi corresponsal se acercó a mí, puestos que yo me había quedado muda de la alegría que me embargaba en ese momento mientras que en mi corazón se cuajaba un amor tan profundo y sincero hacia él que me daba miedo hasta a mí.

MISTIC FALLS


                                  sinopsis

La maldad de la gente siempre la pagamos todos.... y sus locuras también. Valeria, una chica escéptica a los mitos, que tiene muchos “amigos” y que todo le va bien (las notas, su relación con la familia....), sufre una de las locuras de sus amigos supersticiosos.
¿Será de por vida la consecuencia de esa locura?¿ Se hará una maldición o se convertirá en una bendición?¿ Conocerá nuestra protagonista el amor en esta aventura?
¿Saldrá con vida de todo esto? Y la pregunta más importante...¿ Qué pasará con su vida?
Todas estas preguntas tienen sus respuestas dentro de esta historia, pero también puede plantear más preguntas que respuestas, así que.... ¡cuidado!

WOLFS



CAPÍTULO 1

Me asomé a una ventana que por las esquinas estaba cubierta de escarcha y eché una mirada afuera. Todo parecía un bosque nevado. Sí, eso era justo lo que era. Un bosque frondoso y de tonalidades verde-oscuro al lado de mi choza. Vivía con mi abuela, pues me quedé huérfana a los ocho años. Mi padre murió atacado por un oso mientras que iba de caza junto con un grupo de cazadores de la aldea, lo raro es que ninguno lo pudo salvar, y mi madre murió nada más dar a luz. Desde ese día, mi abuela me cuidó y me educó hasta convertirme ahora en la joven de quince y casi dieciséis años que soy.
Mi vida estuvo rodeada de leyendas, todo el pueblo se reunía todas las noches y contaban una. Por supuesto, todas se dicen que en su tiempo fueron ciertas. A mí, la que más me gustó fue la de un lobo poderoso, fuerte, inteligente y bueno. Soñaba con él, quería poder verlo algún día pero no parecía que fuera a hacerse realidad este pequeño pero intenso deseo.
Por ese motivo, todas las tardes me asomaba a la ventana, a ver si podía si no verlo dislumbrarlo, pero nunca veía a nadie.
-No creo que puedas verlo- me dijo mi abuela desde el otro extremo de la habitación.
Me giré hacia ella apenada. Ella estaba sentada en su vieja mecedora de roble que le hizo mi abuelo antes de morir, hará unos diez años antes de que yo naciera. Mi abuelo era un gran misterio para mí puesto que la abuela nunca me habló de él, ni siquiera la causa de su muerte tan prematura. En fin, prefería no ahondar en esos temas tan espinosos, una nunca sabe que sorpresas puede encontrarse en ese tipo de conversaciones. Se mecía con deliberada lentitud junto al fuego. Si cerrabas los ojos durante unos pocos minutos, podías escuchar el crepitar de la madera siendo consumida por las lenguas de fuego. Mi abuela siempre me dice que el fuego cuenta muchas historias y que si miras fijamente el centro de la llama incluso podías ver pequeñas figuras bailarinas, pero lo cierto es que estaba tan metida en mi lobo que me parecía una tontería detenerme a mirar el fuego a ver si era cierto lo que mi abuela decía de él. Entre sus frágiles manos llevaba una capa que me resguardaría del frío de la noche. Le estaba dando un último retoque. Suspiré. Me crucé la habitación hasta sentarme delante de ella. Matilda sonrió mostrándome todo su afecto.

-Abuela,¿ tú crees de verdad que él existe?- le pregunté esperanzada. De todas las leyendas que había escuchado, deseaba fervientemente que esta se hiciera realidad.
-Bueno, puede que sea cierta... pero ¿ tú te has parado a pensar con detenimiento en un pequeño detalle, aunque sea tan mínimo que no haga falta tenerlo en cuenta?
-¡Claro! Que me gustaría que se hiciera realidad- dije sonriéndole de oreja a oreja.
-¡Ay niña mía!- exclamó mi abuela- que ideas tan alocadas que tenéis los mozos- suspiró.
-¡Abuela!- le reprendí.
-Vale, vale, ¿no te has parado a pensar qué es lo que harás con él una vez se haga realidad tu deseo?- me miró seria y supe que esta pregunta no había que tomársela a la ligera, así que decidí ser sincera conmigo misma y con ella.
-Pues no, no lo he pensado- admití.
-Venga- dijo mi abuela poniéndose en pie- la capa ya está lista.
Me empujó hacia el espejo de cuerpo entero y me la puso.
-¡Ohhh, se ve linda!- exclamé. La capa azul me sentaba realmente bien, sobre todo ya que era muy pálida en contraste con el pelo castaño claro que tenía. El azul iba bien con todo tipo de color claro.
-Estás muy hermosa- miré hacia otro lado sonrojada. Lo mío no era precisamente expresar mis sentimientos en voz alta.
-Gracias abuela, es muy bonita.
-Pero...-siguió ella pensativa.
-¿Sí?-la incité dándome la vuelta y haciéndole frente.
-¿Que pasaría si ese lobo del que tú estas soñando todas las noches fuera un apuesto joven?-me dijo ella devolviéndome la mirada plagada de curiosidad.
-¡Pero qué me dices abuela!¡No puede ser un joven si es solo un lobo!¡Por favor!¡¿En qué pensabas?!- me puse colorada nada más pensarlo.
-¿Que harías eh?- insistió ella.
-Pues... no lo sé. Pero dime,¿ qué motivo hay detrás de esa pregunta?¿Cuál es la intención?.
-Nada, simple curiosidad. Anda, vete al pueblo a ponerte al día y enséñasela a Luci. Seguro que se morirá de envidia- respondió ella rápidamente.

En mi rostro se reflejaba la confusión. Me había dado una evasiva otra vez. “¿Qué le pasará?”
-Vale- respondí sin mucha convicción.
Salí por la puerta cavilando mientras mi abuela se quedaba mirando como me alejaba cada vez más hasta que me perdí completamente de su vista. La abuela dirigió su mirada al bosque y asintió con la cabeza hacia un bulto medio escondido en la penumbra.
-Vigílala-ordenó. El bulto desapareció veloz como la luz. La abuela se resguardó dentro de la cabaña y cerró la puerta asegurándola desde dentro. Sabía que algo iba a pasar y tenía la sensación de que el traidor era del pueblo. Por suerte, el Dios estaría con Claire si algo pasaba.

WERS


            CAPÍTULO 1

El fuego crepitaba en la vieja chimenea del saloncito, el agradable y cálido ambiente que nos envolvía a las dos estaba impregnado de misterio y una magia imposible de describir, que llenaba el alma de un extraño gozo. Me arrebujé en mi mecedora, envuelta en edredones cosidos de manera que cada uno contaba una historia. Un suspiro impaciente brotó de los labios de una muchacha de dieciséis años, morena y vestida de ciudad. Sus grandes ojos marrones se fijaron en los míos.
-Vamos abuela. No me hagas envejecer más por esperar- dijo la joven sarcásticamente.
-Valeria, ya estoy mayor, y mi historia es muy larga, déjame coger un poco de fuerzas antes de comenzar -una brusca tos sacudió mi cuerpo- te prometo que si aún no he terminado mi historia, le diré a mamá que te deje quedarte todo el tiempo hasta que la termine- le sonreí.
Valeria sonrió y se relajó dándome a entender que estaba satisfecha con mi respuesta. Yo respiré hondo varias veces llenándome los pulmones hasta que pensé que no podrían dar más de si y luego solté el aire muy despacito. Dirigí mi mirada a la ventana, admirando un hermoso atardecer. El bosque, allá a lo lejos lucía sereno y una suave brisa peinaba los campos escoceses. Un pequeño impulso me instó a comenzar el relato de mi vida. Un relato que a mi pequeña flor le podría cambiar la vida abriéndole los ojos a un mundo completamente nuevo y desconocido para ella.


Nací en Escocia , en 1235 d.c. . Mi familia no era rica, pero por lo menos teníamos para alimentarnos y vestirnos. Mi padre trabajaba en una mina muy famosa en aquellos tiempos, un lugar que se encontraba muy lejos de donde vivíamos, y había algunos dias en las que tenia que quedarse a dormir allí, porque por las noches, los caminos estaban infestados de bandidos y era muy peligroso. Mi madre se quedaba en casa cuidando de mi hermana pequeña y de mi. Por aquel entonces corrían muy malos tiempos, el ganado moría por las enfermedades que acuciaban sin piedad una y otra vez, las cosechas escaseaban y la gente se moría de hambre. Si yo había tenido familia por parte de algunos de mis padres , no la conocía. Aún me acuerdo de aquella noche en la que estábamos cenando todos juntos y saqué el tema a colación. Mis padres simplemente agacharon la mirada y no me contestaron. Esa noche no se habló más.
Mi padre era un hombre vigoroso y robusto comparado con mi madre, que era menuda y muy frágil. Mamá tenía más tendencia a enfermar que yo o mi hermana, pero para nuestra gran suerte, siempre se recuperaba. Él tenía los ojos marrones , igual que mi madre y mi hermana y un pelo negro como el azabache. Papá era una grandísima persona, siempre dispuesta a ayudar a los demás, era muy bondadoso y muy humilde. Mi madre era más severa y una persona muy cariñosa pero de mucho carácter, por eso, todo el mundo que discutía por cualquier causa con ella, siempre perdía la batalla, porque mi madre siempre llevaba la razón en todo. Mi hermana y yo eramos físicamente polos opuestos. Al igual que yo era pálida como la luna, ella era morena y de ojos marrón claro. Yo todavía me pregunto de quién habría heredado los ojos verde esmeralda, porque ningún antepasado mio ni mis padres los tenían de ese color. Las dos éramos igual de altas y a las dos nos gustaban los retos y el ejercicio. Nos consideraban como las mas espabiladas del pueblo a nuestra edad puesto que no nos podian engañar ni una sola vez, al contrario, los engañábamos nosotras.
Nuestra casa no era precisamente un palacio, ni siquiera podríamos llamarla casa. Solo tenía el tamaño de un campo de cultivo, más o menos, unos noventa metros cuadrados. El baño se encontraba al lado del establo granate en donde habitaban nuestros únicos animales de compañía. Una gallina, un gallo, una mula y una vaca. Por lo demás, la casa solo constaba de tres habitaciones. En la más grande (que era el acceso a la vivienda) se encontraban la cocina y el salón. Luego en las dos habitaciones restantes dormíamos la familia. En una mis padres y en la otra, mi hermana y yo, esta última era la sala más pequeña de la casa.
En nuestra época, nuestro futuro era o trabajar en el campo o trabajar en la mina con nuestro padre. Un trabajo que a ninguna de las dos nos atraía un ápice. Nosotras soñábamos con vivir aventuras y tal y como se nos presentaba la situación, era claro que no podríamos cumplir nuestro sueño. En fin, así era nuestra vida y así la dispuso Dios para nosotros.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Vi a mi bebé llorando, tanto como una nena podría.
¿Qué puedo yo hacer? El amor de mi bebé se perdió y dejó a mi bebé triste. Nadie sabía que clase de hechizo usar.
Limo y caracoles o cola de perritos. Truenos o relámpagos.
Entonces el bebé dijo:
¡Baila, magia , baila!
Pon ese bebé hechizado en mí.
¡Salta, magia, salta!
Pon esa magia saltando en mí. Palmea al bebé, hazlo libre.
Me encontraba sumida en una ansiedad profunda. Mientras el director hablaba en el estrado, yo rememoraba lo que días atrás había sucedido. Hicimos un concurso sobre discursos de cualquier tema y desgraciadamente, había ganado yo. No me malinterpretéis. Estaba orgullosa de mi tema, pero hablar delante de 420 personas no era mi aficción, padecía miedo escénico. El director carraspeo clavando su oscura mirada en mí, y mi amiga me cogió del brazo y nos levantó. Me acompañó hasta la escalera y desde allí, yo debía continuar sola. Me deseó suerte y me dirigí hacia donde me esperaba impacientemente el director. Rápidamente me presentó a la multitud y luego me dejó sola allí arriba. Cerré los ojos inspirando profundamente, tratando de calmar mi alocado corazón y mis nervios. Me apoyé en el estrado, abrí un poco los ojos y comencé mi discurso.
-Seguramente ustedes se preguntarán qué es la magia. Hay muchas respuestas y todas son ciertas, y para demostrarlo os pondré varios ejemplos. Si a un científico le preguntamos qué es o si existe la magia, con toda seguridad nos respondería que la magia no existe, ya que todo lo que nos rodea está formado por átomos y energía y que nunca desaparece, solo se transforma mediante complejos procesos. Si le preguntamos a un niño, la magia es aquello que sin saber porqué, desaparece  y aparece en  otro lugar o su estado cambia. Sin embargo, si me preguntáseis a mí qué es la magia, os respondería que es todo aquello que se hace especial para nosotros, es ese detalle que caracteriza un momento inolvidable como por ejemplo la magia del amor, ese misterio y cariño especial que acompaña a ese sentimiento y la persona que lo acompaña; la magia de la mirada, de los abrazos, de las sonrisas, de la amistad, de la música, del lugar, de un embarazo, la magia de la vida, de los primeros pasos cuando aprendemos a caminar, de nuestra primera palabra, la de un beso... En mi opinión, hay muchos tipos de magia, y cada cual sabrá ponerle su deficinición adecuada, por lo que la magia sí que existe, solo que es un ingrediente abstracto que condimenta a la vida.
Se creó un silencio sepulcral en la sala. Incómoda, miré a mi amiga que me miraba sonriente y me hacía señas para que me acercara a ella. Intranquila, abandoné el escenario y me reuni con ella.
-¿Tan mal lo he hecho?
-Que va- respondió ella- mira con más atención al claustro.
Miré, y sorprendida me di cuenta de que habían madres que se abrazaban a sus maridos y a sus hijos, y parejas que se dieron un beso y gente con los ojos cerrados y sonriendo, y para mayor sorpresa, el director que era una persona seria, también sonreía.
-Les ha llegado al corazón- me dijo mientras me abrazaba.
-Pues parece que si- sonreí.
Érase una vez una chica a la que le gustaba soñar, y todos sus sueños los plasmaba en pequeñas historias. Un día, estuvo todo el día soñando, y cuando se levantó, ya era de noche. Como si estuviera hipnotizada, se sentó delante de su escritorio y papel y pluma en mano, comenzó a escribir esta historia...